Decidí ir en autobús, algo habitual en mi vida. Pero no lo juzgo, me encantaba pasar largos recorridos mirando a través de la ventana la felicidad de las personas,ver cómo pasaba el tiempo mientras escuchaba canciones de artistas como James Bay. Siempre me iba al final y mirando al lado contrario que todas las personas, no quería estar al lado de nadie. Quería abrazar desde la soledad mi felicidad y tranquilidad. Y siempre lo conseguía.
Hasta que ocurrió. Girando la cabeza me encontré con el que juraría ser la persona más simple. Me quedé bastante pensativa, ya que las personas solían alardear de sus carísimos bolsos, de sus tupés queriéndose parecer a grandes artistas, pero eso no iba conmigo. Todas esas personas y yo somos polos opuestos, incluso llegando a parecer que veníamos de mundos distintos. Esa persona que estaba de pie justo en frente mía era lo más parecido a lo que me definía de manera posible. Iba escuchando música con una vestimenta casual. Me transmitía tal paz y serenidad, que no quería dejar de mirarle por mil cosas que pasaran en ese momento.
Al ver esta simplicidad, mis ojos se abrieron como platos.Este chico me miró, pensaría que era una persona normal, como otra cualquiera que estaba subida a ese bus.Pero lo que no sabía es que me había roto todos los esquemas. Sentía que me habían robado todo mi ser en un segundo. En una mirada. ¿Cómo podía transmitirme alguien tanto con solo una mirada?
Estuve pensando durante todo el trayecto en lo nerviosa que me sentía por lo que podía ser ''nada'' y me sentía fuera de mí. ''Aleja esos pensamientos de ti'', ''déjalos alejados de la realidad'', ''Son cosas tuyas'' me repetía una y otra vez más.
Pero me resultaba difícil, era un verdadero reto apartar la mirada a unos ojos que parecían imanes a mi corazón. Tenía una gran polémica en mi interior pensando en si debía hablarle o no. ¿Estaría bien darle una oportunidad a esos ciegos sentimientos que me habían ocurrido inesperadamente? Cómo podía saber si estaba bien lo que quería hacer, cómo podía suponer lo que ese chico estaba pensando en ese momento, en que situación estaba, como le iba el día..
El momento de bajarse se iba acercando y yo solo quería que ese viaje fuera el más lento de todos. Que se parara el tiempo. Quería saborear con mis ojos una y otra vez más esos imanes que por ojos tenía. Nuestro destino a encontrarnos se terminó en esa parada, los dos tomamos caminos diferentes y perdimos nuestros rostros con la oscuridad de la noche. Desde aquel entonces, no he olvidado esos veinte minutos de trayecto que me dejaron congelada sin saber como reaccionar.