Iba perdida y sin prisa,
con ganas y sonrisa,
con tez pálida y gorros de lana.
El primer roce, la primera caricia
la sufrieron mis manos,
y luego mis mejillas.
Cogiste mi corazón,
queriendo ser dueño
de este caprichoso laberinto.
Dejaste que fluyeran tus palabras,
y tus sentimientos
al son del tiempo.
Hoy, no es un día especial,
ni nos hace falta vivir de ellos,
Ya que no importa ni el día ni el momento
que leas esto.
Yo siempre te amaré
como las sensaciones que me dejaste
después del primer beso.
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