Se que estás detrás de cada acto a mi alrededor, no siempre presente pero siempre en mi mente.
Y prometo desde aquí que nunca olvidaré lo que me unió a ti, porque dos años me bastaron para saber que tu ibas a estar siempre protegiéndome.
Porque fuiste la que me enseñaste el camino a ser y a creer. Por eso, aunque no fueras de mi familia, te llevo como una maestra de vida, porque fuiste el cemento con el que encasillé cada ladrillo, porque fuiste la chispa de luz que siempre reinaba en la oscuridad y porque fuiste en todo lo que yo pensaba cuando sola me sentía y las cosas claras no hallaba.
Por eso te tengo tatuada en mi corazón a fuego eterno.
Gracias.
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