Eras motivo, causa y consecuencia de mis pensamientos, actos y sentimientos.
Me jugué todo a una, y perdí la partida. No sólo la partida, perdí más que eso. Perdí un compañero, una amistad, una pareja. Cada vez tenía menos motivos para buscarte. Cada vez era más la rabia que me consumía, que me entristecía y que hacía que mirara tu número con ganas de volver a marcarlo.
Cada vez eran más los momentos en los que fuera llovía y parecía que esa lluvia me calaba... Me calaba tan hondo que dentro también se inundó todo. Yo ya sabía que nada era lo mismo, pero ¿Cómo conseguía yo sola volver a ponerlo todo en orden? ¿Cómo esperabas eso? ¿A caso me veías diferente? No sé qué motivo hizo separarte de mi lado, no se si hicistes un pacto con el diablo para darme tal palo que no tuviera más opción que levantarme sola. Yo sólo esperaba que los momentos compartidos no se borraran y que quedaran marcados en tu vida, como quedaron en la mía. Que cada vez que mires hacia atrás recuerdes no sólo nuestro final; si no también nuestro precioso y único principio, nuestras risas, nuestros momentos, nuestros paisajes. Porque todo ello conforma nuestra historia. La que en algún momento de nuestras vidas lo fue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario