Mágica ausencia la que hizo abrir una nueva ventana por la que ver e iluminar en la oscuridad de esta habitación.
Y sólo hacía falta que la música entrara en nuestras almas; acariciarlas y unirlas.
Unas sencillas notas rompieron el frío de la tarde. Esas mismas que tenían envidia del sonido de nuestras sonrisas.
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